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PETRO EL PERSISTENTE

Abogado conciliador y docente universitario.

19/03/2021

 

Por: Nicolas LLorente

Eamil: Neutro-Niko@hotmail.com

Gustavo Petro es uno de políticos más avezados, más polémicos, más singulares, populares y sin duda, el más calumniado y tergiversado de los últimos tiempos ¿Qué no han dicho y qué no se han inventado de él? Hay que analizar la contracampaña del 2018, basada en el miedo infundado e inventado por las bodegas de la derecha y extrema derecha, que fraguaron en contra de Petro por haber retado al establecimiento y acercarse seriamente a la Presidencia de la República. Sin embargo, la contra campaña maquiavélica, infundada y plagada de mentiras absurdas y falacias pornográficas, no tuvo asidero en la historia moderna. Cómo olvidar que en las redes y cadenas WhatsApp, disfrazados de comunicadores sociales les decían a las personas, sobre todo de clase media baja, que iban a quitarle el taxi, el apartamentico o el salón de belleza; que iba a empezar una deliberada expropiación de bienes y propiedades de la clase media creciente. Cómo olvidar cuando decían que Gustavo Petro era ateo, satánico y que iba a terminar quemando las iglesias… Todo un huracán furioso de desinformación, sin excluir el ya tan conocido pánico «castrovachista»: que Petro iba a estatizar la economía, que iba a volver Colombia como Venezuela, que iba a acabar el petróleo, que el dólar se iba a disparar estratosféricamente, que iba a volver la patria un nuevo satélite de resguardo terrorista y comunista, una infinita cantidad de calumnias, distorsionando maliciosamente sus propuestas y sus palabras. Y ni hablar del papel de los propagandistas, mal llamados periodistas del régimen de derecha, obsesionados con emboscarlo, trampearlo y buscarle la más mínima contradicción o error para enrostrársela.

 

Estrategia que fracasó rotundamente y quedó evidenciado en las grabaciones el sesgo ideológico de los propagandistas disfrazados de periodistas, haciendo el juego a su propio interés, comunicándole a la sociedad falacias, inexactitudes, palabras severamente mal interpretadas y descontextualizadas sólo para apalear y linchar la campaña presidencial, del sin duda fuerte y solido político, candidato, Gustavo Petro. Que no sólo sobrevivió a la contracampaña, teniendo en cuenta que parte del electorado se comió completica una porción de la sinfonía disfórica y engañosa de los medios tradicionales, serviles al régimen y a la extrema derecha. Tanto fue el descaro que el EL TIEMPO, el periódico más leído en Colombia, cuyo dueño es el hombre más rico del país y uno de los más ricos de Latinoamérica; financiador de campaña empedernido de la extrema derecha y hasta mencionado en el escándalo de Odebrecht; el hombre más codicioso y aporofóbico de este país: el mismísimo Luis Carlos Sarmiento Angulo, el tiburón más largo y poderoso que tiene Colombia. Algunos le dicen que pone presidente y que es el verdadero dueño del territorio.

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Sin embargo,  tras una sucia y larga campaña que terminó dividendo amigos, familias, opiniones, sesgos, miedos infundados y extremismos ideológicos;  Petro terminó pasando a la segunda vuelta y sacándoles en su cara a toda la oligarquía y sectas políticas de  extrema derecha 8 millones de votos libres, a conciencia, críticos de muchos espectros políticos y ciudadanos jóvenes liberales y fuertemente antiuribistas; de centros de ciudadanos informados, que no comieron cuento ni se dejaron atrofiar de la propaganda manipulada y sucia de la campaña uribista, llena de odio y mentira plagada hasta el cuello por expertos en infundir miedo, rabia y resentimiento en electores conservadores poco informados y despistados. Pero el número de votos libres y nunca antes visto por un candidato de izquierda, que venía de la izquierda efectivamente, no fueron suficiente para detener las fuerzas retardatarias y anacrónicas de la derecha, pues finalmente lograron sobreponerse y elegir «al que diga Uribe», el ungido por el caudillo: Iván Duque.

 

La biografía de Gustavo Petro ha sido una línea dura de resistencia, lucha y revolución democrática. A pesar que intentan socavar su pasado por su militancia en el movimiento M-19 desde temprana edad, sublevados y levantados ante un estado opresor, autoritario, abiertamente antidemocrático y dictatorial, y un país sumido en el anacronismo constitucional, estancado en la vieja y autoritaria constitución de 1886 que las élites y las oligarquías ultra conservadoras no se atrevían a cambiar y derogar. El rol de Gustavo Petro, dentro del M-19 nunca fue armado ni tuvo un papel protagónico ni victimario. Los hechos relatan precisamente todo lo contrario: siendo joven y en ese entonces concejal de Zipaquirá, dejando clara su militancia por el M-19, fue perseguido y arrestado por el ejército, fue llevado a los calabozos más tenebrosos de Bogotá, sin condena alguna bajo el estado de sitio, fue golpeado, violentado y torturado por sus captores militares, juzgado y condenado por crímenes que nunca cometió; direccionando muy seguramente su visión política desde muy joven a punta de torturas por un régimen autoritario y violento. Sin embargo, pudo sobreponerse, conocer y perdonar a sus captores y torturadores, en un acto de profunda valentía y humanismo pudo dejar atrás cualquier resentimiento u odio hacia aquellos.

 

Duras y largas luchas tendrían que dar Gustavo Petro para consolidarse como el personaje político y el líder indiscutible, con una fuerza electoral nunca ante vista por un candidato de izquierda. Fue senador muchos años, desvelando y probando contundentemente la relación entre el paramilitarismo y el poder político, exponiendo, criticando y posteriormente denunciando complicidades perversas de congresistas con fuerzas paramilitares. Y como consecuencia de muchas de esas denuncias y memorables, pero poco recordados debates, muchos políticos, senadores corruptos y delincuentes fueron a parar a la cárcel a raíz de los debates hechos por el entonces senador Petro, que era mencionado y condecorado por la prensa, por ser el mejor senador del país. Tras su legado en el congreso, pasó rápidamente a ser candidato presidencial en el 2010, sin embargo, no le alcanzó y la contienda electoral terminó ganándola el entonces candidato de Uribe, Juan Manuel Santos y seguido de Antanas Mockus.

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Pero él, testarudo y coherente con su proyecto y visión política, decidió postularse un año más tarde en las elecciones para la alcaldía de Bogotá, donde tuvo gran acogida y era ya bien conocido con un programa de gobierno progresista, basado en la dignidad humana, la protección de los más vulnerables y del medio ambiente; con una agenda profundamente incluyente y reformista. Sin embargo, los intereses y los círculos políticos que lo observaban e interactuaban en el poder capitalista y político bogotano, eran poderosísimos y puso a temblar muchos circuitos de intereses capitalistas y monopolistas de la ciudad, que venían de lucrarse permanentemente de los recursos públicos y ni hablar de la rampante corrupción, dejada por el exalcalde Samuel moreno, condenado múltiples veces por corrupto, agazapando e instrumentalizando el polo democrático como plataforma, dejando y decepcionando a la ciudad carcomida por la corrupción y denunciada nuevamente por Gustavo Petro. Quien apenas se destapó el escándalo, se le vino el partido de gobierno encima y tomó la decisión coherente de abandonar el polo democrático y hacer rancho aparte fundando Bogotá Humana, la propuesta política con la que lideró y sacó adelante la capital bogotana, invirtiendo en los más vulnerables, empoderando la cosa pública y rescatando los valores del sentido social a los más pobres. Fue brutalmente perseguido por los entes de control, hasta al punto de destituirlo e inhabilitarlo por varios años. Sanciones que resultaron siendo todo un fracaso, ya que la justicia internacional terminó metiendo las manos para salvar el mandato democrático y fracturando el golpe que se le había propinado a la democracia y al entonces alcalde Gustavo Petro.

 

Las persecuciones y chuzadas vendrían siendo pan de cada día en la vida política y personal de Gustavo Petro, sin embargo, terco, coherente, decidido por cambiar y trasformar a Colombia optó por lanzarse nuevamente como candidato presidencial en el 2018, sacando 8 millones de votos y solidificando la segunda fuerza política más importante del país, libre de caudillismo y mesianismo, más bien con propuestas serias y constatables ahora bien conocidas y llegando al senado nuevamente después de terminar en segundo lugar en las elecciones de 2018.

 

En su papel como senador actual, ha demostrado nuevamente su capacidad y su talante denunciando y develando la corrupción rampante y desgastante de siempre. Probando con hechos y con pruebas las fuerzas obscuras y torcidas en la fiscalía, sector financiero y politiquero de las élites que han gobernado el país por siglos. El tiempo ha pasado dándole la razón a Petro, nadie lo puede negar los hechos hablan por sí solos y nuevamente, estando cerca las próximas elecciones, se sabe que es su oportunidad histórica de ganar posiblemente la Presidencia de la Republica, como también se sabe perfectamente, que las fuerzas obscuras de la oligarquía política y elitista no entregarán tan fácil el poder y que está dispuesta a todo, con tal de perpetuarse y atornillarse eternamente. Expertos académicos ya han denunciado y anunciado que la oligarquía estaría dispuesta a todo con tal de no ser evacuada y expectoradas del poder, que incluso estaría dispuesta a derramar la sangre de aquel que intente acercarse o arrebatarles el poder democráticamente, tal y como sucedió con candidatos presidenciales en el pasado, todos fueron asesinados… TODOS, sin excepción. La pregunta sería ¿estarían nuevamente dispuestos a hacerlo?

 

La última palabra la tendrá el pueblo y la ciudadanía colombiana, en cambiar de una vez por toda la historia bananera y trágica de esta patria, desangrada y ciega de su propia violencia para detener al fin el baño de sangre y reconstruir un verdadero país en paz, basado en un pacto histórico, en una ciudadanía libre y lista para cambiar el rumbo de Colombia de una vez por todas. Se acerca el 2022 y sin duda me sumo al pacto histórico desde ya, sin miedo a estar en el lado coherente de la historia.