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EL DILEMA DE LA VACUNA

Abogado conciliador y docente universitario.

12/03/2021

Por: NICOLAS LLORENTE.

Email: Neutro-Niko@hotmail.com

 

Ya avanzado el 2021, dejando atrás el año pasado jamás olvidado y odiado mayoritariamente, lleno de sorpresas, tragedias, amores virtuales y efímeros, vaivenes emocionales noticiosos, cuarentenas virulentas y cuanta restricción a la libertad necesaria o no, más la odiada y desgastante pandemia internacional; asfixiados ya por el uso intensivo del tapabocas, vemos al menos una luz al final del túnel, una esperanza ficticia o imaginaria por retomar la tan prehistórica y anhelada normalidad.

 

Sin embargo, la realización de este deseo de normalidad y reanudación de la vida social completa, está aún bastante distante, pues la vacuna avanza a pasos de tortuga y todo el calvario del plan nacional de vacunación será un proceso largo, lento y doloroso de 5 etapas que se extenderá a lo largo y ancho de este año y los que vienen. Muy seguramente, este 2021 no será el año de la vacunación masiva en el país, todo gracias a una falta de gerencia y diligencia, sin mencionar la ineptitud y la excesiva falta de liderazgo del gobierno nacional. Para quienes estamos de últimos en la fila de la vacunación, toca seguir portando y luciendo el tapabocas, blindarnos de la ya desgastada e irritada paciencia y esperanza. Mientras que el virus seguirá allí: silencioso pero presente, contagiando y haciendo estragos en la salud pública, la economía doméstica, regional y nacional; han de venir muchas más olas virulentas, pero a nadie le importa, ya muchos se contagiaron y para algunos fue un festival de anomalías sintomatológicas graves o leves, para otros pasó completamente desapercibido y si acaso algunos se habrán enterado que les dio sin darse cuenta. Debo confesar que llevo una vida sobresalientemente saludable y ya casi a 1 año de la cuarentena general, nunca he sentido algún síntoma o molestia, sin embargo, el miedo al contagio y al virus ha desaparecido notoriamente, pero sigo juicioso protegiéndome a mí y a los míos de un posible contagio; luzco con orgullo y resignación mi tapabocas, no bajaré la guardia ante la amenaza bacteriológica y esperaré sentado con ardua y longeva paciencia mi turno para ser vacunado. Existe un escepticismo respetable y creciente hacia la vacuna, pero vale la pena apostar y ponerse del lado de la ciencia y la racionalidad, dada la magnitud de la crisis mundial de salud pública y el riesgo inminente de contagio. A pesar de múltiples teorías conspirativas inspiradas por el miedo, la información de dudosa procedencia o más bien la desinformación irradiada en grandes cantidades, diariamente, todos los días y a cada minuto; yo le digo que SÍ a la vacuna e invito a los creyentes, estudiosos y amantes de la ciencia a también darle el SÍ a la vacuna, a seguir protegiéndose a sí mismos y a los suyos.

 

Por otra parte, el peso y el costo de las olas virulentas y de los contagios clandestinos y silenciosos, lo seguirán cargando y pagando los ya olvidados hospitales públicos y los médicos comprometidos con el cuidado del sistema hospitalario.

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Múltiples esfuerzos a nivel internacional, tanto públicos como privados, se unieron para hacer realidad en tiempo récord la vacuna. Sin embargo, este negocio redondo va directamente a los bolsillos de los grandes laboratorios, que imponen las reglas del juego para su venta, dejando un manto de duda sobre la ética dada la magnitud, urgencia y necesidad de vacunar masivamente a la humanidad; poniendo por encima de todo los intereses particulares y dejando de lado la urgencia humanitaria de la vacunación mundial. Sumado a esto, la mayoría de las investigaciones de gran importancia científica y de gran valor para la humanidad, fueron financiadas por recursos públicos antes de ser comprados por particulares, multiplicando sus ganancias e imponiendo contratos y reglas de confidencialidad eticamente cuestionables.

 

Sin embargo, se sabía y se advirtió que el acceso a la vacunación a nivel mundial, sobre todo a los países más pobres, iba a ser un enorme problema, ya que las potencias y los países ricos acapararían el mercado y la compra de vacunas, dándose una enorme ventaja a sí mismos, aislando y excluyendo mayoritariamente a países de menores ingresos, entre ellos los latinoamericanos. Queda claro que la carrera por la inmunidad será desigual y entre más lento sea el proceso de vacunación a nivel nacional, más lenta y dolorosa será la recuperación económica del país.

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Para concluir, invito respetuosamente a todos los escépticos, temerosos, dudosos o incluso militantes fervorosos de los movimientos anti-vacunas, a cooperar con la ciencia y la racionalidad, sobre todo a informarse de manera responsable y al menos reflexionar para darle un SÍ a la vacunación y dejar atrás el dilema de la vacuna.