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Dau El Juguetón

Abogado conciliador y docente universitario.

Tras un largo y tormentoso primer año de gobierno de William Dau, lleno de retos, aprendizaje, restricciones, decretos, toques de queda, cuarentenas, ley seca y cuanta medida justa y necesaria para la bioseguridad de la ciudadanía cartagenera; el balance ha sido bastante y altamente cuestionado, lleno de errores y tropiezos.

 

Pero también, estuvo lleno de conspiracionistas y extremistas, sin olvidar la oposición crítica, racional y respetable, que a veces le ha ayudado al mismo alcalde Dau a enderezar el camino o el rumbo y sus decisiones desde el espectro más egoísta y corrupto de la politiquería cartagenera y los politiqueros de siempre, los viudos de poder y hambrientos del presupuesto público, que por años se mecateaban y se enmermelaban a costa de la miseria y de los pagos de impuestos de los trabajadores honestos de esta ciudad.

 

Se fraguó todo un espectáculo y un show mediático, a raíz de la propuesta de tumbar al alcalde William Dau con la revocatoria de mandato, que si bien es válido constitucionalmente, necesario y sano para la democracia, era el momento menos indicado para dicha revocatoria dada las circunstancias actuales de la realidad y crisis de salud pública del país y la ciudad; esto liderado precisamente por corruptos y malos perdedores, disfrazados de intelectuales polemistas con malos monólogos improvisados y ordinarios.

 

Quienes ni cortos, ni perezosos, maliseando emboscar a William Dau en la audiencia ante el CNE buscando la revocatoria del mandato constitucional del alcalde, dieron una argumentación cargada de rencor, mentiras y cuanta diatriba y falacia conspirativa poco sustentada, rellena de injurias y datos inexactos; retorciendo la realidad y poniendo en duda la capacidad mental y psicológica del alcalde, se le acusó desde «fumarse» las Murallas y el Castillo San Felipe, hasta de ser responsable de las trágicas muertes de líderes sociales y poner en riesgo la seguridad nacional. Es decir, argumentos y planteamientos completamente absurdos, desalineados con la realidad política y social de la ciudad, que seguramente ni ellos se creyeron.

 

La defensa de Dau fue considerablemente buena, dado apenas el avance racional del tiempo que llevaba gobernando con cifras constatables y públicas, más argumentos previamente escritos por algún asesor de comunicación que esperaba que siguiera el discurso tal y como estaba planeado. Pero debido a la personalidad del alcalde, la emotividad de la audiencia ante el CNE, las mentiras y falacias de los promotores corruptos de la revocatoria, Dau tuvo momentos de quiebre y cedió momentáneamente a la provocación de dichos factores. Varias veces fue amonestado por el magistrado y se le hizo llamados de atención promoviendo el orden y uso respetuoso del discurso y el lenguaje. Sin embargo, múltiples epítetos e insultos de lado y lado, se hicieron escuchar dejando la audiencia y el debate, rebajándolo a niveles que ni el mercado de Bazurto se habrían escuchado. Así trascurrió y terminó la audiencia.

 

Días después, las revocatorias a nivel nacional esperaban el visto bueno de la registraduría y ésta a su vez, del ministerio de salud; el cual nunca llegó y al menos el comité revocatorio en Cartagena terminó sin pies ni cabeza: sus líderes terminaron evaporándose y liquidando el comité.

 

Una vez sangada ese palo en la rueda, se vendrían uno de los chicharrones más grandes y estructuralmente más longevo e interminable: los peajes internos en la ciudad. Uno de los problemas de corrupción más antiguos de Cartagena, el cual William Dau prometió combatir y darse la lucha contra ellos. Las alarmas se prendieron cuando la Contraloría General de la Nación anunció sin previo aviso, que entre la concesión manejaba la administración y el cobro de los peajes, existían indicios creíbles y constatables de un detrimento matrimonial de parte del distrito, a causa de la larga duración del contrato de concesión y que había un pago y un retorno de la (TIR) desde el 2013 y la sociedad cartagenera día, a día llevaba a cuestas y amarrados pagando el costo del peaje, saqueando cada centavo de los bolsillos de los trabajadores y propietarios de autos de la ciudad.

 

Una vez conocido dicho informe y echo público en los medios de comunicación, se hizo sentir una indignación pacífica, pero poderosa que tomó cuerpo en forma de protesta justa en contra del pago del peaje. Durante semanas se mantuvieron las manifestaciones por ciudadanos del común, taxistas y jóvenes, a los que se unieron justamente defensores de causas por la ciudad y el mismo concejal Javier julio Bejarano, el cual es crítico, opositor y duro contradictor de vieja data del pago de los peajes y el manejo obscuro y torcido que ha tenido por décadas la concesión.

 

Por otro lado, la defensa de la concesión afirmaba a viva voz los daños a la infraestructura y el maltratos al personal que cobra el peaje, también rechazaba y desacreditaba la indignación, la protesta pacífica y espontánea de la ciudadanía cartagenera aburrida del cobro del impuesto vial, alegando que en sus cuentas, libros y registros, el TIR aún no se había cumplido, exhortaba al alcalde a no instigar las protestas y a controlar la situación de orden público que alteraba, según sus alegatos lo acordado en el contrato e incentivaba el NO pago del mismo.

 

Una vez la situación se volvió insostenible, el diálogo primó racionalmente y tuvieron que sentarse a hablar el mismo distrito y la concesión. Horas más tarde, se llegó a un acuerdo y se definió que sólo los camiones y muleros serían quienes exclusivamente, debían la obligación del pago del peaje; bajándole la temperatura a la protesta y a la indignación ciudadana, sin saber que a los muleros y camioneros les caería como un baldado de agua fría el anuncio del mismo alcalde, quien tenía a su lado a el abogado de la concesión y la representante de ésta misma.

 

Como era de esperarse, en menos de 24 horas los camioneros y muleros anunciaron que entrarían en paro, que obstruirían el paso en algunos de los peajes y del tráfico vehicular como protesta a que no se les tuvo en cuenta dentro del acuerdo echo entre el distrito y la concesión. Sin dudarlo, se tomaron y paralizaron las vías, dándole otro dolor de cabeza al acalde William Dau.

 

Una vez paralizadas algunas vías de acceso y el paso por algunos de los peajes, concentrándose de forma masiva, trancando parte importante del tráfico vehicular, obligando a muchos a tomar vías alternas y a pasar largas horas de espera dada la magnitud de la parálisis; sus voceros anunciaban que se mantendrían en paro indefinido y en asamblea permanente hasta que la nueva medida no incluyera a los muleros y camioneros en el acuerdo redactado días antes.

 

Trascurrieron algunos días de protesta y parálisis vial. Mientras que la alcaldía medía la temperatura de la manifestación guardando silencio estratégicamente, la concesión seguía anotando los días en que no se cobraba el pago del peaje y antes de culminar la semana la defensoría como mediador cita al alcalde y a la concesión, para establecer un diálogo y llegar a un nuevo acuerdo. La concesión, nuevamente hace una concesión temporal y decide dejar de cobrar por el término de 2 meses a los muleros y camioneros, mientras los órganos de control deciden el destino a corto plazo de semejante chicharrón jurídico administrativo, que pronto dará qué hablar y se encenderá rápidamente una nueva polémica y debate político sin precedentes.

 

Sin embargo, dicho chicharrón jurídico por cuenta los peajes, tiene tanto de largo como de ancho y su discusión se dimitirá en los estrados judiciales muy seguramente, mientras los órganos de control no se manifiesten y decidan quién tiene o no la razón.

 

No hay duda, de que el alcalde también ha cometido una serie errores sistemáticos, que le han costado toda clase de críticas válidas para unos y divertidas para otros, como los concursos y convocatorias musicales dedicados a erradicar la corrupción o los politiqueros, utilizando la alcaldía como tarima de certamen y farándula, y de paso para subir algunos puntos en popularidad; otro error clarísimo fue contratar a funcionarios de viejas administraciones, señalados con nombre propio en escándalos de corrupción, dejando distinción entre corrupción grande y corrupción pequeña.

 

También fue altamente criticado por no preparar el sistema hospitalario tras la segunda oleada del virus, que le costó a la ciudad cientos de contagios; por poca autoridad para erradicar las aglomeraciones y fiestas clandestinas bien conocidas; pero sin duda, su golpe más duro del año pasado fue la salida de varios de los funcionarios del gabinete, algunos fusilados por el consejo distrital y otros por orden de organismos de control.

 

Otro hecho sentido e inesperado, fue la salida de la primera dama, quien acompañaba al alcalde como su consejera y aparentemente mintió a la Secretaría General del Distrito sobre su título académico, que terminaron finalmente con su renuncia irrevocable y su salida de la administración del alcalde y amigo, William Dau.

 

Y la última polémica, absurda para unos y divertida para otros, fue el video publicado por el mismísimo alcalde, anunciando su entrada a la conocida y popular plataforma de Tik Tok. No se sabe bien cuál sería el uso que le daría a su cuenta en esta aplicación, si sería una nueva estrategia de comunicación social, para viralizar el contenido a sectores más jóvenes y aumentar su popularidad a cualquier costo; o quizá simplemente, para desorientar, distraer y entretener a la opinión pública de las críticas y errores bien fundamentados, de los chicharrones que están al orden del día o los que están por venir. Sin embargo, queda la duda: ¿la ciudad necesita un alcalde serio, atento a las múltiples necesidades y a la buena administración de la ciudad? o por el contrario ¿la ciudad necesita un influencer?

 

Este 2021 se espera que sea un año de optimismo en la ciudad, dada la llegada lenta pero necesaria de la vacuna y retomar a pasos de tortuga la vida social, recuperar significativamente la economía y el turismo brutalmente golpeados y arrasados por la pandemia. Esperemos que Dau, avance lo más rápido posible el plan de vacunación nacional en la ciudad y deje atrás las polémicas absurdas, que se comporte a la altura de un gobernante mínimamente serio y riguroso, no como un influencer sediento de popularidad y payasadas autoproclamándose «el papá de los cartageneros». Sin duda en mi opinión, lo único que necesita Cartagena es un alcalde dispuesto a sacar la ciudad adelante, a la altura del reto histórico que lo eligió y deje atrás su faceta de alcalde juguetón.